El bordado ñandutí es un encaje artesanal de aguja originario de Paraguay, cuyo nombre en guaraní significa “tela de araña”. Se teje sobre un bastidor formando círculos radiales, creando diseños geométricos o zoomorfos en hilo blanco o de vivos colores. La apariencia resultante imita el delicado tejido de una telaraña, de ahí su nombre revelador. Tradicionalmente se emplea para decorar vestimentas y objetos: apliques en trajes típicos, ornamentos religiosos, sombreros, abanicos y toda clase de adornos. Este encaje de aguja es símbolo de la ciudad de Itauguá y es considerado la “reina” de la artesanía paraguaya, un verdadero orgullo cultural transmitido de generación en generación.
La historia del ñandutí es una intrigante fusión de culturas. Aunque las leyendas locales imaginan un origen indígena (como veremos más adelante), la evidencia histórica sugiere que el ñandutí llegó con la colonización española. En efecto, una versión ampliamente aceptada indica que mujeres españolas de la isla de Tenerife (Islas Canarias) introdujeron este estilo de encaje en Paraguay hace unos 300 años. Ellas enseñaron la técnica a las artesanas guaraníes, quienes la adaptaron con creatividad: añadieron hilos de colores vibrantes y motivos inspirados en la flora y fauna local (flores, insectos, aves) enriqueciendo el diseño original.
Esta mezcla dio origen a un encaje mestizo único. El encaje europeo de Tenerife (conocido por sus “soles” o rosetas) se transformó en tierra guaraní en el ñandutí que hoy conocemos, un ejemplo de aculturación exitosa donde las manos paraguayas imprimieron su sello propio sobre una técnica extranjera. No existen documentos coloniales tempranos que mencionen el ñandutí, lo que sugiere que su desarrollo se consolidó durante el periodo colonial tardío y la era independiente, floreciendo sobre todo en Itauguá. Con los años, el ñandutí pasó de los altares y ajuares domésticos a convertirse en emblema nacional. En 2019, Paraguay declaró al ñandutí y sus métodos tradicionales como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, reconociendo formalmente su valor histórico y la necesidad de preservarlo para futuras generaciones.
El ñandutí se distingue por varias características particulares. En su confección, la encajera trabaja con aguja e hilo sobre una tela tensada en un bastidor circular o cuadrado. Sobre la tela se dibuja o calca el patrón deseado, generalmente compuesto por múltiples círculos (llamados “rosetas” o “soles”) que pueden unirse entre sí formando un tapete completo. A diferencia de otros encajes que usan bolillos o ganchillo, el ñandutí es encaje de aguja puro: primero se tienden hilos radiales como rayos de una rueda, anclados en la tela de soporte; luego, con puntadas especiales, esos hilos se entrelazan y anudan formando figuras simétricas (flores, estrellas, arabescos) dentro de cada círculo. Al finalizar el bordado, la pieza se libera recortando la tela base, quedando el encaje solo, tan fino y transparente como un encaje de aire.

Este encaje suele tener un diámetro modular de unos 5 a 10 cm por motivo circular, aunque puede variar. Tradicionalmente se hacía en hilo de algodón blanco muy fino, lo que acentuaba su parecido con las plateadas telarañas al sol. Sin embargo, con el tiempo se popularizó el uso de hilos teñidos de colores alegres –rosas, azules, verdes, amarillos– creando verdaderas explosiones de color en cada roseta. Aún hoy se valora mucho la uniformidad y fineza del tejido: un buen ñandutí tiene centenares de hilos delicadamente entrelazados, sin nudos sueltos visibles, formando un encaje durable pero de aspecto etéreo. Cada pieza es única y hecha a mano, lo que le confiere un valor artístico además del utilitario.
Más allá de su belleza tangible, el ñandutí posee un profundo significado cultural para Paraguay. Representa la creatividad, paciencia y destreza de las artesanas paraguayas, transmitidas de madres a hijas a lo largo de las generaciones. En Itauguá, cuna del ñandutí, prácticamente muchas familias tienen alguna vinculación con esta labor – ya sea en la confección o en la comercialización – y el encaje forma parte de la identidad local. No es casualidad que se celebre el Día del Ñandutí con ferias y festivales donde se exhiben los mejores encajes y se honra a las tejedoras veteranas. Un hermoso mural en Itauguá representa a una anciana tejedora de ñandutí con su bastidor, simbolizando cómo las abuelas guaraníes preservaron este arte (imagen inferior)

En este mural una artesana legendaria aparece con su bastidor, reflejando la unión de tradición y orgullo por el ñandutí en la cultura paraguaya. El reconocimiento oficial como patrimonio inmaterial refuerza este orgullo y motiva programas de enseñanza para que los jóvenes continúen la tradición.
Por otra parte, el ñandutí está imbuido en las leyendas y folklore nacionales. Una famosa leyenda guaraní narra el origen mítico de este encaje: Cuenta que dos valientes guerreros, enamorados de una bella joven llamada Samimbi, competían por su amor. Uno de ellos descubrió una noche, en lo alto de un árbol, una telaraña plateada perfecta iluminada por la luna, y decidió bajarla para obsequiársela a Samimbi. El otro guerrero, presa de celos, lo hirió con una flecha, haciendo que cayera muerto; pero cuando intentó tomar la telaraña, esta se deshizo entre sus dedos, pues era obra de una araña. Consumido por el remordimiento, el guerrero confesó lo ocurrido a su madre. La anciana, compasiva e ingeniosa, observó pacientemente a las arañas tejer sus redes y con sus propios cabellos blancos a modo de hilo, empezó a reproducir aquel tejido mágico con aguja, creando así el primer ñandutí. Esta leyenda, transmitida oralmente, realza el simbolismo del ñandutí como hilo que conecta el cielo (la luna), la naturaleza (la araña) y el corazón humano (el arrepentimiento y amor). Cada encaje terminado lleva un poco de esta magia ancestral, siendo más que un adorno: es un homenaje a la creatividad y resiliencia del pueblo paraguayo.
El ñandutí no solo tiene importancia cultural, sino también socioeconómica. En comunidades como Itauguá, cientos de artesanas dependen de la elaboración de encajes para su sustento. Numerosas personas se dedican a tejer finos manteles, blusas, accesorios y otras piezas, contribuyendo a la economía local y al sustento de sus familias. Sin embargo, este oficio enfrenta desafíos en la modernidad. Por un lado, la competencia desleal y la intermediación han mermado las ganancias de las tejedoras: durante años, las artesanas vendían sus obras a precios muy bajos a revendedores que luego las comercializaban con amplio margen. Un informe técnico reciente señaló que la cantidad de tejedores de ñandutí está en declive debido al bajo precio de compra de las piezas y las altas comisiones que deben pagar a intermediarios. Muchas jóvenes optan por no continuar con el oficio al verlo poco rentable, poniendo en riesgo la continuidad de esta tradición.
Además, existe el tema de los derechos de propiedad intelectual y reconocimiento. Las encajeras tradicionalmente no patentan ni registran sus diseños, lo que ha permitido que terceros reproduzcan motivos de ñandutí en productos industriales sin crédito ni beneficio para las creadoras originales. Al respecto, en otros países artesanas indígenas han impulsado movimientos para proteger colectivamente sus creaciones (por ejemplo, las tejedoras mayas resguardando los diseños de huipiles). Del mismo modo, se considera urgente proteger el ñandutí y a sus tejedores mediante figuras legales de propiedad intelectual comunitaria, evitando el plagio o la apropiación cultural indebida.
Afortunadamente, han surgido iniciativas para afrontar estos retos. Organizaciones locales, con apoyo internacional, promueven el comercio justo del ñandutí comprando directamente a las tejedoras a precios que reflejan el tiempo y la habilidad invertidos. Programas de cooperación (como uno apoyado por la Agencia de Cooperación de Japón en 2022) están capacitando a las artesanas en mejora de la calidad, diseño de nuevos productos y mercadeo, para que el ñandutí pueda acceder a mercados más amplios con valor agregado. Sorprendentemente, se ha detectado un interés creciente por el ñandutí en lugares lejanos como Japón y Europa – donde valoran accesorios y prendas con este encaje – lo que abre oportunidades siempre que las artesanas puedan adaptarse a las tendencias y calcular precios justos. Todos estos esfuerzos buscan garantizar la sostenibilidad de esta artesanía: que siga siendo una fuente digna de ingresos sin perder su esencia tradicional. El equilibrio entre tradición y comercio justo es el gran desafío ético que el ñandutí enfrenta en el siglo XXI.
El encanto del ñandutí trasciende el tiempo: de adornar altares coloniales y trajes típicos, ha pasado a encontrar nuevos usos en la moda contemporánea, la decoración y el arte. A continuación, veremos cómo se aplica hoy esta delicada técnica, tanto en contextos tradicionales como innovadores.
Moda: En Paraguay, vestir ñandutí es lucir con orgullo la herencia nacional. Las prendas típicas de danza paraguaya, como el vestido de galopera, llevan amplias faldas adornadas con encajes de ñandutí de variados colores. Actualmente, diseñadores locales e internacionales incorporan este encaje en piezas de alta costura. Por ejemplo, se han confeccionado elegantes blusas y vestidos de noche donde el ñandutí actúa como encaje aplique en escotes, mangas o espaldas, aportando un toque artesanal único. Incluso la pasarela de Paris Fashion Week presenció el esplendor del ñandutí: en 2019 la diseñadora María Sonia Gauto presentó una colección inspirada en la “Leyenda del Ñandutí”, mostrando vestidos de alta costura con apliques de ñandutí que deslumbraron al público en la capital francesa. Fue un hito donde un arte tradicional brilló en escena global, causando asombro por su complejidad y belleza (“todos lo tocaban, preguntaban cómo estaba hecho”, relató la diseñadora. También marcas paraguayas contemporáneas integran encajes auténticos en prendas urbanas: desde chaquetas de denim intervenidas con paneles de ñandutí, hasta accesorios como collares, aros e incluso calzados con detalles encaje. Esto ha revitalizado el interés de las nuevas generaciones por esta artesanía, al verla fusionada con estilos modernos.
Decoración: El ñandutí tradicionalmente ha embellecido el hogar paraguayo. Manteles circulares y caminos de mesa de ñandutí son comunes en las mesas familiares durante ocasiones especiales, dejando ver la superficie de madera o vidrio a través de sus huecos como un encaje natural. También se utilizan blondas y tapetes pequeños bajo jarrones, encuadrados como cuadros, o como aplique sobre almohadones y cortinas. En decoración contemporánea, los diseñadores de interiores rescatan el ñandutí para dar toques bohemios y elegantes: un abanico antiguo forrado en ñandutí puede exhibirse en la pared como pieza de arte; pantallas de lámparas cubiertas de encaje proyectan sombras hermosas; hasta se hacen separadores de ambientes uniendo varios encajes grandes como mosaicos de luz. Un ejemplo notable es la elaboración de abanicos finos con encaje de ñandutí en la parte central (país del abanico), que combinan funcionalidad y arte — el Museo del Traje de Buenos Aires difundió incluso un patrón descargable de abanico en ñandutí para motivar a creadores a intentarlo. La versatilidad estética del ñandutí permite que armonice tanto en decoraciones rústicas tradicionales como en ambientes minimalistas modernos, aportando siempre delicadeza y una historia que contar.

Un claro ejemplo del uso actual del ñandutí en la moda se ve en la imagen: bailarinas en un festival visten vestidos adornados con numerosos encajes de ñandutí multicolor incorporados en sus faldas y blusas. Estas prendas muestran cómo el encaje tradicional se integra con orgullo en vestuarios folclóricos vibrantes, dando movimiento y color. Más allá del folklore, hoy día es posible ver trajes de novia confeccionados enteramente en ñandutí blanco, o fusionar el encaje con otras telas nobles (sedas, linos) para vestidos veraniegos de lujo.
Arte: Por último, el ñandutí ha inspirado expresiones artísticas más allá de la indumentaria. Artistas textiles lo emplean en instalaciones y esculturas blandas: por ejemplo, grandes tapices compuestos de decenas de encajes unidos, representando escenas o conceptos abstractos con efecto de vidriera de hilo. También se realizan experimentos con teñidos degradé en los hilos para dar un efecto pictórico al encaje, o se lo combina con técnicas mixtas (como fieltro o bordado sobre ñandutí) creando piezas de galería. En Asunción y otras ciudades, es frecuente encontrar ferias de artesanía donde se venden cuadros con ñandutí enmarcado, posavasos plastificados con encaje adentro, e incluso bisutería (aretes, dijes) encapsulando diminutos ñandutíes en resina transparente. Estas innovaciones llevan el ñandutí a públicos insospechados, demostrando que un arte del siglo XVIII puede seguir evolucionando en el siglo XXI sin perder su esencia. Cada nueva aplicación honra a las generaciones pasadas de tejedoras a la vez que mantiene vivo el interés en esta técnica.
A diferencia de muchos bordados que se realizan directamente sobre la prenda final, el ñandutí requiere una tela de soporte temporal. Esta tela (que puede ser algodón tipo lienzo o muselina resistente) se tensa firmemente en un bastidor de madera para servir de base durante el tejido. La función de esta tela es sostener los hilos guía del encaje mientras se trabaja, evitando deformaciones. Sobre ella se dibuja el patrón de círculos y diseños, ya sea a mano alzada o colocando debajo un dibujo en papel y copiándolo con lápiz. Es importante que la tela sea de trama cerrada y esté bien estirada, de modo que las puntadas de anclaje no la rasguen. Al concluir el bordado, esta tela base se retira cuidadosamente (cortándola o soltando las costuras), liberando el encaje terminado. Por ello, la tela de soporte no forma parte del producto final, pudiendo reutilizarse bastantes veces si queda intacta. Muchos artesanos utilizan retazos de sábanas viejas o lienzo común para este propósito, dado que eventualmente serán descartados. Lo clave es que tenga poca elasticidad y aguante la tensión del hilado.
El bastidor es otro elemento imprescindible: típicamente un marco rígido de madera, de forma cuadrada o rectangular. Los lados del bastidor se ajustan con cuerdas o tornillos para mantener la tela bien tensa como un tambor. El tamaño del bastidor dependerá del proyecto; para piezas grandes (manteles, blusas) se usan bastidores amplios donde quepa el diseño completo, mientras que para pequeños motivos individuales se puede emplear un aro de bordado o marco pequeño. En Itauguá es común ver bastidores cuadrados de madera sencilla, hechos por carpinteros locales, a los cuales las artesanas fijan la tela con hilo fuerte o tiritas de tela en las esquinas.
El alma del ñandutí es su hilo. Tradicionalmente se ha utilizado hilo de algodón mercerizado muy fino, equivalente a un hilo de bordar (como el perlé o el mouline) separado en hebras. Este material ofrece la mezcla justa de suavidad y resistencia, ideal para lograr un encaje que no sea rígido pero conserve la forma. En épocas coloniales y hasta mediados del siglo XX, el ñandutí clásico se tejía en color blanco o crudo natural del algodón, dando un aspecto elegante y uniforme. Las piezas antiguas que se conservan (por ejemplo, ornamentos de altar o velos) suelen ser íntegramente blancas. Sin embargo, la incorporación del color es uno de los aportes locales más celebrados: las artesanas paraguayas comenzaron a teñir hilos en tonos vibrantes para imitar la rica naturaleza tropical en sus encajes. Hoy día es habitual ver ñandutíes multicolores, donde cada flor o figura lleva un tono distinto – rosas, rojos, amarillos, azules, verdes, violeta – componiendo un mandala de color. Estas combinaciones hacen que cada obra sea alegre y llamativa, reflejando la personalidad de su creador.
Es importante notar que los hilos de distintos grosores también se utilizan para efectos específicos. Por ejemplo, algunas encajeras emplean hilo más grueso para los “rayos” o hilos guía radiales y uno más fino para los detalles de relleno, logrando relieve y contraste de texturas. También se puede mezclar hilo metálico plateado o dorado en pequeños acentos para dar brillo (especialmente en piezas navideñas o adornos religiosos). Incluso, aunque es menos común, se puede trabajar el ñandutí con hilo de seda natural, logrando un acabado sumamente delicado y lustroso. En cualquier caso, el control de la tensión del hilo es fundamental: la artesana va ajustando la firmeza con que teje para que el motivo quede parejo, ni muy apretado (lo que frunciría la tela base) ni demasiado flojo (que resultaría en un encaje débil). ¡El hilo parece cobrar vida entre sus manos expertas!
Crear un ñandutí requiere pocas herramientas, pero muy bien elegidas. En primer lugar está la aguja: por lo general se usa una aguja de coser o bordar delgada, con ojo lo bastante grande para enhebrar el hilo de algodón elegido. Muchas artesanas prefieren agujas largas y finas (tipo aguja de tapicería fina) que les permiten abarcar los numerosos hilos radiales en una pasada. Tener varias agujas a mano es útil en caso de rotura o para trabajar con varios colores simultáneamente.
Tijeras afiladas son igualmente esenciales. Se requieren unas tijeritas de punta aguda para cortar con precisión los hilos y, al final, recortar la tela base sin dañar el encaje. Este paso final es delicado: la tijera debe deslizarse entre el encaje terminado y la tela, cortando solo la tela. Por eso, unas buenas tijeras de bordado (pequeñas, tipo manicura) resultan ideales.
Otra herramienta clave, como se mencionó, es el bastidor o aro de bordar para tensar la tela base. En el caso del bastidor de madera rectangular, a veces también se emplea un almohadillado o soporte debajo para apoyar las manos mientras se teje (similar a la técnica del encaje de Tenerife donde se usa un cojín). Aunque en el ñandutí tradicional paraguayo no se utilizan alfileres (ya que el diseño se sostiene con la tela y las puntadas mismas), algunas bordadoras modernas pueden apoyarse de alfileres cortos para marcar puntos específicos del diseño en la tela o sujetar provisionalmente algún hilo rebelde.
Por último, pero no menos importante, está el diseño patrón. Muchas artesanas cuentan con moldes de papel o cartón donde dibujan los círculos y motivos que luego transfieren a la tela. Un lápiz suave o jaboncillo de sastre sirve para trazar ligeramente la guía sobre la tela antes de empezar a tejer. En talleres actuales, incluso se imprimen patrones por computadora para motivos muy elaborados, facilitando la repetición del diseño. Sin embargo, en entornos tradicionales muchas tejedoras prefieren dibujar a mano alzada, confiando en su ojo experimentado para mantener la simetría.
En resumen, los materiales y herramientas para ñandutí son sencillos: tela, bastidor, aguja, hilo, tijeras y lápiz (y mucho amor por el arte). Con estos pocos implementos, se pueden crear encajes tan complejos y bellos como se alcance a imaginar.

En la siguiente imagen se aprecia un bastidor con la tela tensada y un encaje ñandutí multicolor en proceso, obsérvese cómo los hilos radiales están ya dispuestos y se van tejiendo motivos florales dentro de cada círculo con aguja e hilo.
¡El escenario está listo, solo falta la habilidad y creatividad de las manos artesanas para obrar la magia!
El ñandutí forma parte de una familia mayor de encajes de aguja de trama radial que se desarrollaron en distintas regiones. Conocer sus técnicas “hermanas” nos ayuda a apreciar la originalidad del ñandutí y sus conexiones con el mundo.
La técnica considerada antecesora directa del ñandutí es el Encaje de Tenerife, originario de las Islas Canarias (España). Este encaje, también llamado “sol de Tenerife”, surgió en el siglo XVII y se caracteriza por tejer motivos circulares similares a soles o rosetas sobre una almohadilla usando alfileres.
Según la tradición canaria, una tejedora ideó en Tenerife un método usando alfileres y hilos tensados en forma radial, que luego unía con aguja para formar dibujos – esencialmente la misma lógica que hoy vemos en el ñandutí. De hecho, el encaje de Tenerife tuvo tanta difusión que sus rosetas se conocieron simplemente como “soles” en muchos lugares del.
Cuando esta técnica llegó a América, se adaptó en varios países. En Venezuela, por ejemplo, existen los “soles de Maracaibo”, encajes circulares muy parecidos trabajados tradicionalmente en la región de Maracaibo, considerados otra ramificación del estilo tenerife. Bolivia, Perú y Brasil también adoptaron encajes análogos: en varias zonas andinas y amazónicas confeccionan rosetas de hilo que llaman “encaje sol”, preservando el término sol del original español.
Ahora bien, el ñandutí paraguayo adquirió identidad propia. A diferencia del encaje canario original que suele ser monocromo y trabajado por separado para luego coser los motivos juntos, el ñandutí se suele tejer en una sola pieza uniendo los discos sobre la marcha y destaca por su policromía y motivos guaraníes. Esta evolución local es fruto del mestizaje cultural: se suele decir que el ñandutí es el “bordado de Tenerife americanizado”, una adaptación guaraní de aquella técnica europea, transformada por la creatividad paraguaya.
Dentro del propio Paraguay, es interesante mencionar otra técnica de encaje tradicional: el Encaje Jú (o encaje yú). Antes de la popularización del ñandutí, las mujeres hacían encajes de malla o red con aguja, similares al filete español. El encaje jú era básicamente un encaje de red bordada, hecho con aguja en ausencia de bolillos, formando cuadrados o mallas sueltas que luego se adornaban. Si bien comparte el uso de la aguja, el encaje jú es muy distinto visualmente (parecido al filet o mundillo), con patrones geométricos rectilíneos, y ha caído en desuso frente al predominio del ñandutí.
En el contexto internacional, el ñandutí despierta interés entre amantes del encaje y coleccionistas. En inglés se lo conoce como “Nanduti lace” o “Paraguayan lace”, y forma parte de la bibliografía de encajes notables del mundo. Brasil, compartiendo frontera e influencias, lo denomina “nhanduti” o lo engloba dentro de la “renda Tenerife”, siendo apreciado en zonas como el estado de Paraíba y Paraná donde artesanas lo trabajan denominándolo renda sol o “rendilhado de agulha”. De hecho, se celebra el “Sol Lace Day” (Día del Encaje de Sol) a nivel internacional cada 21 de junio, iniciativa de encajeras brasileñas, y en 2025 la edición estará centrada en el Ñandutí de Paraguay – un bello reconocimiento global.
En resumen, el ñandutí comparte raíces con el encaje canario de Tenerife y tiene equivalentes latinoamericanos bajo el nombre de “encaje sol”, pero solo en Paraguay adquirió ese cariz de telaraña multicolor que le valió su poético nombre. Esta técnica híbrida, cruce de dos mundos, sigue fascinando por su belleza singular. Los encajes circulares, ya sean ñandutíes, soles o rosetas, demuestran la unidad en la diversidad: distintas culturas tejiendo con hilos y agujas la misma pasión por el arte textil delicado.
El Bordado Ñandutí es más que una artesanía: es un puente entre el pasado y el presente tejido en hilo. Cada puntada atada en esos radiales es un tributo vivo a las abuelas guaraníes que, con paciencia de araña, nos legaron este arte. Hoy, un encaje ñandutí puede tomar semanas de labor a una artesana, pero al contemplarlo sentimos en un instante la dedicación, el amor y la identidad que lleva impregnados. Para los bordadores principiantes, el ñandutí nos enseña que de unos pocos puntos sencillos pueden nacer creaciones maravillosas; para los avanzados, representa un reto técnico y creativo que siempre puede reinventarse con nuevos colores y diseños.
En un mundo de producción acelerada, el ñandutí nos invita a detener el tiempo, a dejarnos maravillar por la delicadeza de algo hecho completamente a mano. Al tomar un trozo de ñandutí entre las manos, uno casi puede imaginar a la tejedora en su humilde taller, contando hilos bajo la luz de la tarde, poniendo en cada nudo sus sueños y esperanzas. Esa conexión humana es el verdadero valor del ñandutí.
Terminemos inspirados por las propias palabras implícitas en esta tradición: así como la araña teje su tela pacientemente, nosotros también podemos tejer nuestras metas con dedicación. Que el ñandutí nos recuerde la belleza de lo lento, de lo hecho con el corazón y de cómo, partiendo de hilos sueltos, podemos construir algo de gran valor y significado.
Ara porãite – hermosa creación –, el ñandutí sigue siendo un motivo de orgullo y un canto a la creatividad de Paraguay para el mundo. ¡Anímate a descubrirlo, aprenderlo y, quién sabe, quizás un día tejer tu propia telaraña de hilo que cuente tu historia!
Verón, Luis (Enciclopedia Paraguaya). Historia y etimología del ñandutí. Portal Guaraní
Secretaría Nacional de Cultura (Paraguay). Declaratoria del encaje ñandutí como Patrimonio Cultural Inmaterial (Res. 497/2019)– Documento oficial que reconoce el valor patrimonial de la técnica y resume su origen y transmisión.
Wikipedia (español): “Ñandutí” – Artículo enciclopédico en español con descripción general, historia y significado cultural del ñandutí.
Wikipedia (inglés): “Ñandutí”– Detalles técnicos en inglés sobre el proceso de tejido (montaje de bastidor, etapas con aguja y tijera, puntadas empleadas).
Ministerio de Cultura de Paraguay. Información sobre el ñandutí – ABC Color, Suplemento Escolar (16/08/2011)– Recuento de la leyenda del ñandutí (historia de Samimbi, los guerreros guaraníes y la anciana que crea el primer encaje).
JICA Paraguay – Resumen del Proyecto Ñandutí (Cooperación 2022) – Informe técnico que detalla los desafíos socioeconómicos actuales de las artesanas (comercio justo, precios, capacitación e iniciativas para posicionar el ñandutí en mercados internacionales).
Scribd – Documento Unidad 2: Ñandutí – Descripción de materiales y puntos básicos del ñandutí (requiere tela en bastidor, hilos de algodón, aguja; define puntada entretejido y filete).
Economis.com.ar – Artículo: “Paraguay lleva el ñandutí a las pasarelas de la moda de París” (2019)– Cobertura periodística sobre la presentación de ñandutí en Paris Fashion Week, resaltando su impacto en la alta costura internacional.